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martes, 31 de mayo de 2016

Vive la (nefasta) experiencia BANAMEX

Hace algún tiempo, mi mujer y yo decidimos obtener la tarjeta de crédito BANAMEX- BEST BUY por las promociones ofrecidas. Vamos, ella y yo somos amantes de la tecnología y esta tarjeta suponía una ventaja al comprar en BEST BUY y la obtención de puntos sería mayor para cambiarlos, eventualmente, por otros artículos en la tienda de tecnología.

Llegamos a la sucursal de BEST BUY más cercana a nosotros y, como siempre, el personal encargado nos atendió de una manera extremadamente  amable y paciente.  Hicimos todo el papeleo  y en poco tiempo ya estábamos en la calle.

A los pocos días, nos encontrábamos en casa cuando la tarjeta llegó. Víctimas del capitalismo (lo amo) comenzamos a realizar compras pero sin “masticar más de lo que se puede tragar”. Nunca hemos hecho gastos que no podamos cubrir y es hasta ese momento cuando uno se da cuenta de la llegada de la madurez.

Hacia finales del año pasado perdí mi cartera en Coyoacán y llamé inmediatamente a la línea de BEST BUY para hacer el reporte por extravío. De nuevo, el personal de BEST BUY me ayudó durante todo el procedimiento. –No se preocupe,  señor Menéndez, no se realizó ningún cargo con su tarjeta.- enunció por teléfono amablemente el ejecutivo de voz grave y en buen español (a diferencia de la mayoría de los ejecutivos de otros bancos porque son sudamericanos y uno no comprende ciertos acentos o porque no tienen ni la primaria terminada) , devolviéndome el alma al cuerpo.

Tiempo después, mi tarjeta no llegaba y cuando hablaba a BANAMEX sólo me decían cosas como  “Su plástico está en tránsito, señor. Espere un poco más”. Si asistía a una sucursal me mandaban a hacer todo por teléfono, deslindándose de cualquier responsabilidad con un cliente (no me pasa en BEST BUY ni en otros bancos). Bueno, pues si hay que esperar se espera y ya. Pasaron los meses y la tarjeta nunca llegó, así como tampoco llegó el sobre con el NIP (normalmente lo mandan por separado y con algunos días de retraso supuestamente por seguridad).

Muchos meses después, en los cuales utilizamos sólo el plástico adicional, tuvimos que pedir un estado de cuenta directamente en una sucursal porque, misteriosamente, no llegó el estado de cuenta normal a casa. El estado de cuenta presentaba una serie de cargos muy fuertes y desconocidos para mi mujer y para mí. Llamamos para hacer la reclamación por gastos no reconocidos y, luego de contar la historia a más de diez personas (sin incluir voces robóticas), por fin entró la investigación. Uno es decente y no comete fraudes, por lo tanto, espera que todo se soluciones rápidamente.

A casi un mes de la primera reclamación, me mandaron un correo electrónico que sólo decía que la tarjeta sí fue recibida y que no contaba con reporte de ROBO o EXTRAVÍO de la siguiente manera "El cargo fue realizado con la Tarjeta que se entregó en su domicilio, el cual no presenta reporte de robo o extravió(SIC)". Yo no soy imbécil, si es lo que piensan los señores de BANAMEX, y contesté:  “No se hizo el reporte que mencionan porque, de haberla tenido y perdido, la hubiera reportado por extravío pero no la tuve, por lo tanto, no la perdí. Y para el segundo caso es lo mismo; de haberla tenido y de haber sido robado o asaltado, la hubiera reportado por robo pero no la tuve, por lo tanto no me la robaron. La tarjeta nunca llegó y ustedes sólo me pedían paciencia. Procedí a hacer la aclaración que inició la averiguación de toda esta situación, justo después de consultar el estado de cuenta solicitado en una de sus sucursales.” Como puede apreciarse, soy fiel partidario de la lógica y con mejor ortografía que el personal de BANAMEX…  ¿Será porque suelo leer mucho o pienso antes de escribir?

Desde la primera ocasión, he insistido con el fin de revisar los báucheres, uno a uno, para identificar las firmas. Obviamente los encargados de la investigación (ojalá no hayan contratado a los peleles de la PGR encargados de encontrar a los 43 normalistas… aunque parecen haber salido del mismo centro de reclusión para retrasados mentales) han hecho caso omiso de mi solicitud y ofrecimiento porque ALGUIEN tiene que pagar. Estoy de acuerdo, QUE PAGUE QUIEN DEBE (No soy yo quien debe, yo sólo soy un afectado).

En fin, me comunicaron vía mensaje de texto que la investigación se volvió a iniciar. “Menos mal” dice uno tranquilo o “Ya no tendré que ir a la CONDUSEF, confío en la lógica y las pruebas.”

Casi otro mes más tarde, llega el nuevo estado de cuenta con los cargos presentes… otra vez. Y también un sobrecito con el recibo de la tarjeta escaneado en donde aparece una tal Maria Garcia L(SIC) como la persona que recibió la tarjeta. No conozco a ninguna persona con ese nombre y desconozco el motivo por el cual el repartidor no anotó el apellido de esa persona. Normal e inteligentemente, cada vez que alguien recibe algo, se le solicitan los datos completos… sí, como los APELLIDOS y esas cosas pendejas*. Quizá no hagan pruebas para los repartidores y sólo les pidan saber manejar y medio saber leer y escribir. Señores de BANDAMAX… perdón, BANAMEX, explíquenles a sus repartidores la importancia de la información personal. Así, a primera vista, puedo deducir dos cosas: 1) La persona que recibió la tarjeta ya sabe lo que hay que hacer (es una criminal) y el repartidor es oligofrénico 2) El mismo repartidor se quedó la tarjeta, luego el sobre con el NIP y finalmente el estado de cuenta que no llegó porque él sabía cuándo entrarían los cargos realizados fraudulentamente. Y es muy fácil, los cargos desconocidos se realizaron el centros comerciales y tiendas que yo jamás he pisado (algunos no sé ni en dónde están) por mi agorafobia o porque no son sitios de mi agrado. Por lo tanto, muéstrenme las grabaciones de esos lugares (no sólo la tienda, el centro comercial en general)… si aparezco en una sola les pago todo. Y la otra, a la que no han querido recurrir, es aún más sencilla: muéstrenme los báucheres y con gusto pago todos los que contengan mi firma. Por si fuera poco, en el recibo aparece el número de de registro de su IFE o INE. ¿BANAMEX no puede iniciar un procedimiento legal con eso? Si el número es falso, es porque el repartidor lo inventó… porque tiene que copiarlo de la credencial ¿cierto?

Ahora, si en alguno de esos báucheres apareciera mi firma, tomaré la punta de metal de un compás y tallaré en un lado de mi pene “¡Quién lo hubiera dicho! ¡Tengo alzheimer  o debo drogarme tanto que ni siquiera me doy cuenta de los lugares que frecuento y los gastos que realizo!” a modo de recordatorio perpetuo. (Me atrevo a hablar sobre la imaginaria profanación de mi hermoso falo porque estoy seguro de no tener alzheimer y las drogas no van conmigo ni yo con ellas)

He ofrecido, también, ayudarles en su investigación aportando elementos de los cuales carece su área de expertos. Elementos tales como la inteligencia, lógica y sentido común. He prometido apersonarme con ellos para presentar las denuncias correspondientes con la autoridad pertinente. Vamos, les he pedido que me llamen si tienen cualquier duda.

Es deprimente ver este tipo de comportamientos en una institución bancaria pero es un bonito punto para el ego el saber que soy más capaz e inteligente (y seguramente guapo… es mi blog y digo lo que yo quiera) que todo el personal de investigación de BANAMEX.

En el siguiente capítulo…

¿Será BANAMEX honesto? ¿Le darán más material a Manny para ejercer el bullying telefónico mientras descarga su furia con los telefonistas de la patética institución bancaria? No se lo pierda en otra entrada más del blog de Mannythulu.


Prueba 1: ¿Y el apellido, apá?

Prueba 2: número de registro de votante.





*Pendejadas se refiere exclusivamente a la importancia que, al parecer, da BANAMEX a los datos personales.



jueves, 5 de febrero de 2015

No me gusta el futbol

Después de ver la más reciente edición del Super Bowl, la cuadragésima novena, para ser exacto, me di cuenta de la gran estafa que es el deporte televisado. Si bien la fractura de brazo del jugador de los Seahawks, Jeremy Lane, no pudo haber sido actuada, el desempeño de los árbitros me hizo recordar a “el tirantes” de la lucha libre, quien es el encargado de llevar el espectáculo al indicar a cada luchador lo que debe hacer y quién debe ganar. A diferencia de la lucha libre, los jugadores parecen intentar con todo ganar y, mientras no se cansen, distraigan, desesperen o confíen, la responsabilidad recae en el entrenador, quien es el que toma la última decisión. 

Los Patriotas de Nueva Inglaterra llegaron al Super Bowl desinflando balones y, posiblemente, sobornando árbitros (Cómo se extraña la época en la que los árbitros hicieron huelga y la NFL se fio orillada a utilizar arbitraje universitario. El resultado era el de decisiones fías, bien tomadas y honestas) para que hicieran la vista gorda ante holdings y demás movimientos o acciones prohibidas.

Ahora, de acuerdo al título de esta entrada, explico mis motivos para odiar el futbol “profesional”. El futbol es un deporte sencillo con pocas reglas que hasta retrasados mentales pueden entender y, por lo tanto, jugar. Las veces que he llegado a ver un partido, noto en seguida que los jugadores han entrenado cómo caer para que el accidente sea más vistoso. Entrenar para engañar al árbitro es tan antideportivo como utilizar sustancias prohibidas para maximizar el desempeño en la cancha. ¿Qué aprenden los niños cuando notan que sus ídolos engañan y juegan sucio? ¿Cómo nadie se percata de lo que los “astros” del deporte le hacen a la mentalidad de la gente? Quizás sea, más bien, un reflejo de la sociedad humana con todos sus engaños y mentiras.

Como sea, creo que la NFL está próxima a sufrir el mismo destino que el futbol. Es lógico que todos los partidos, al menos los de campeonatos o ligas, estén arreglados puesto que la cantidad inimaginable para mí de dinero que se ha de mover entre apostadores ha de ser suficiente para desarrollar, cuando menos, un excelente programa espacial, un fondo de investigación para el Alzheimer o cualquier asunto más importante que unos tipos pateando balones. Lo mismo aplica para todos los deportes televisados.

No tengo nada en contra del deporte. Si se arma una “cascarita” le entro felizmente. No tengo nada contra de los deportistas (los verdaderos) sino admiración por ese amor y pasión que depositan, cambiando hábitos y rutinas e incluso llegando a deformar sus cuerpos en afán de una disciplina. Me gustaría poder, como ellos, tener esa dedicación y entusiasmo por algo… por lo que fuera.

Mientras tanto, no dejaré que mi loro, Concho, vea algún partido de tan nefastas asociaciones para que no se vuelva idiota. Lo malo es que, parece ser, le va al Atlante…

miércoles, 24 de octubre de 2012

Imágenes

El choque del papamovil ha sorprendido a más de uno


Propio para los bucañeros

Mi pasatiempo es trollear ardillas





Hace ya tiempo que @ChateauDemex no usa el lunes de #PareDeVivir

Por andar de parranda choco el Papamovil

Les dejo unas imágenes de unos dibujos de Laurie Lipton. hechos con puro grafito, Laurie logra unas imágenes maravillosas.







Nos vemos en la próxima entrada.

martes, 23 de octubre de 2012

Maldita FS


Maldita FS

La FS, o Fobia Social es un trastorno psicológico que se caracteriza por un miedo irracional e intenso en situaciones sociales, causando una grave angustia y una disminución en el funcionamiento en diversas áreas de la vida cotidiana. 

A veces es por timidez, otras por inseguridad personal, incluso por abuso de sustancias, por miedo a quedar como tonto o por diversos traumas.




Ahora, mi caso: Acepto que, más de una vez, he fingido llamadas telefónicas para salir de una situación que me resulte incómoda. He realizado supuestas llamadas para hacer tiempo y esperar a que los semáforos me sean favorables y me dejen cruzar la calle con toda la tranquilidad del mundo. Lo mejor es cuando se usa para evitar entrar en contacto con gente conocida o para despegarse de una plática aburrida e ir a ver el cielo o fumarse un cigarrillo.

He inventado (y hasta fantaseado) compromisos que nunca llegaron a ser siquiera un plan de salida para zafarme de invitaciones a reuniones, fiestas y paseos a los que no quiero ir por miedo a alejarme de la zona urbana que manejo sin sentirme incómodo, todo bajo control. 

Como todo, va por temporadas. Hay veces en que me aterra ir al Círculo K® que está a una cuadra de mi casa y hay cuando sí me atrevo a lanzarme al Centro Histérico de ésta nuestra ciudad. De hecho, la última vez fue un domingo en la noche con cientos de personas (o al menos lo parecían) caminando a lo pendejo. Podría decirse que yo también iba transitando de la misma manera pero, la verdad es un poco peor, andaba rápido para llegar a ver a un amigo sacerdote de Ivett, la Churri. El sacerdote, Carlos, me cayó mejor de lo que esperaba. No sé si fue lo abierto y adaptado a tiempos modernos que es o por sus comentarios contra el vaticano y su aversión por el papa Bienadicto y SAPS (Su Altísima Papa Sabritas®) Juan Pablo II.

Una vez sometí a la vejiga a un castigo de más de 10 horas de aguante en un vuelo de Madrid a México DF porque no me gusta usar baños en movimiento. Por si fuera poco, tampoco puedo ir a baños públicos.  No fue porque los espacios cerrados me molesten, todo lo contrario.

El cine es El Horror vuelto situación: Mucha gente encerrada en una sala que está llena de señalamientos de seguridad y salidas de emergencia (¿Qué tantas cosas malas suelen ocurrir en las salas de proyección como para requerir semejante sobrecarga de instrucciones de protección civil? Ni el Bunker de Hitler tenía tantos letreros y, mire usted, por lo que pasó y cómo acabó) en un espacio lleno de gradas en el que es difícil desplazarse. Hay mucha gente y no se ve, hay muchos sonidos de tosidos, estornudos, carraspeos, crujir de envolturas de alimentos chatarra y, lo que más me afecta, no saber cuántos culos y en qué condiciones se han postrados donde tengo que poner el único que poseo en mi cuerpecito.


La agorafobia tampoco ayuda. Los sitios con mucha gente como los supermercados, antros o verbenas populares me aterran. De no tener que trabajar fuera de casa, podría pasarme la mayor parte del mes atrincherado en mi casa. Saldría sólo por víveres y a pagar las cuentas. (Nota: necesito un trabajo que pueda realizar desde la comodidad del hogar)

He usado como pretexto, también, el tener que ir a la oficina para escapar de algo. Incluso he tenido que ir sábados y fuera de horas. Sí, un trabajador de gobierno. Me meto al baño aunque no tenga ganas de defecar u orinar para estar unos momentos a solas.

Fumar, aunque es vicio asqueroso, es la mejor manera para salir al jardín de la Cineteca Nacional de México a despejarme y librarme del ruido de varias decenas de personas que hay en calidad de refugiados y de invasores con el motivo de las obras que aquejan a ésta nuestra institución.

A pesar de hablar muy bien el idioma inglés, cuando me topo con un anglosajón que no domine el español, no tengo ningún problema en hablarlo de manera fluida. Hablarlo a solas (cosa que tampoco es muy normal→) mientras fantaseo con algo es muy sencillo. A la hora de hablar inglés con una persona que lo tenga como segundo idioma, las trabas comienzan a aparecer. No sé si sea un miedo a que me lo critiquen o a no darme a entender con quien esté hablando.
 


martes, 16 de octubre de 2012

T-5


Ayer no paraba de reír por la situación que procedo a contar.

Llega el encargado del “Lamboratorio” digital y nos dice que las copias de Macario (1960, Roberto Gavaldón) las tienen que digitalizar. Mi compañero de oficina, Oscar Levi, y yo asentimos sin hacer ninguna expresión que revelara nuestra pequeñísima sorpresa. Y es que todos los del laboratorio, todos, quieren abarcar mucho y, por ende, poco aprietan. Continúa hablando Paolo y nos cuenta que, muy posiblemente, los proyectores de cine no estén listos para la Quincuagésima Cuarta edición de la Muestra Internacional de Cine que organiza la Cineteca Nacional de México. Reímos y nuestras mandíbulas cayeron unos cuantos centímetros ante tal sorpresa.

¿Cómo es posible que, con los cientos de millones de pesos que se han invertido en la remodelación, no mandaran pedir desde el principio los proyectores de cine? Digo, es una institución de CINE y lo más importante es, pues, eso. 

Bueno, el edificio recién construido para el “lamboratorio” digital quedó mal. Seguramente se utilizará para la inauguración, a la que asistirá el presidente Calderón, y posteriormente se demolerá para construirlo de nuevo (cotizándolo otra vez, claro) o remodelándolo con materiales caros y demás accesorios innecesarios.

Todo me recuerda una situación que se presentó hace unos años cuando Ricardo, mi jefe anterior (aquél que no me hacía hacer su trabajo porque le “quitara mucho tiempo” y ese mismo a quien todos los revisadores respetaban) pidió una báscula para pesar las películas y poder así calcular los costes de los envíos por paquetería a todas partes del mundo. La báscula era una de baño, para personas. Una sencilla. De ésas que venden en Wal-Mart a no más de doscientos sesenta pesos. Los encargados del área de compras, la cotizaron en casi trescientos mil pesos. -Seguramente es un error- afirmó Ricardo –Se les fueron más ceros en la hojita, vamos a hablarles-. Pues no. No era un error. Era algo totalmente correcto para el departamento anteriormente mencionado y, lo peor de todo es que dijeron que “así lo dejáramos, no hay problema”. Ricardo, como gente decente que siempre ha sido, no firmó e hizo que se le jodiera el negocito a ciertas personas.

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