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martes, 1 de julio de 2014

Lo que no debo leer

Acepto que nunca había leído una novela de Anne Rice... no lo vuelvo a hacer.

Hace poco, acaso un mes o mes y medio, me encontré varios PDFs de la escritora en mi colección digital. Abrí el archivo de La momia y leí unas tres o cuatro páginas. El comienzo estaba bien; un arqueólogo descubría una tumba nueva y su sobrino, un interesadote y alcohólico apostador, le presionaba para conseguir parte del dinero de la herencia. Estaba el tema nadando en intereses míos. Dije -De ahogados al río- y seguí leyendo la novela hasta la última página digital.

¡Oh sorpresa! La historia se torna en un ir  y venir de celos y romance entre Ramsés (EL MALDITO) y la hija del arqueólogo. Sólo falto que Ramsés brillara como los vampiritos de la saga Crepúsculo, de la "escritora" Stephenie Meyer. !Oh, pero brilla! Bueno, no brilla por la gran cantidad de productos metrosexuales que cubren su piel como la del afeminado Edward Cullen, pero sí tiene un brillo mágicamente atractivo.

Si bien la novela de Rice es anterior a la saga de Meyer, resulta casi imposible sentir las arcadas producidas por tanta miel existente en un lugar en donde debe de haber terror y sangre.

Recomendaría quemar todos los libros de Rice y de Meyer pero no faltaría el tarugo que me etiquetara de Nazi quemando libros judíos, aunque haya sangre judía en mis venas. Por lo tanto, mi consejo es que, si usted ya leyó a ambas escritoras y le gustaron: Dese un tiro. Si sólo ha leído una y la ha disfrutado: Lea a la otra y siga los pasos del primer consejo (el de darse un tiro. Lo repito porque, seguramente, ha de ser usted muy bestia). Si leyó alguna de las dos y no le gustó: No lea a la otra autora. Si no ha leído a ninguna: Vaya a una librería y pida que le den cualquier libro que no se de esas "escritoras".


miércoles, 24 de octubre de 2012

Fotos curiosas

la fotografía siempre ha sido una ciencia muy interesante. Desde sus inicios, la gente comenzó a fotografiar, para inmortalizar, cosas que nos pueden parecer un tanto lúgubres y terroríficas. 
Entre esos temas, se comenzó a usar la fotografía póstuma. Fuera porque nunca se le había tomado una foto al difunto cuando estaba vivo, muy típico en el caso de los niños que morian al poco tiempo de nacer, o a los líderes, llegando a sustituir a las mascarillas mortuorias casi por completo.

Típica fotografía de una niña muerta. Había fotógrafos especializados en niños muertos.



Máscara mortuoria de Dante A.
El siguiente caso es también muy curioso. Seguramente a muchos no les gustaba la idea de ver la fotografía de un ser querido muerto. Se comenzó a poner a los cadáveres en posiciones como si estuvieran vivos.



Curioso mecanismo para mantener a los cadáveres posando.

El siguiente estilo de fotografías no contiene personas muertas pero sí algo que resulta un tanto perturbador y casi fantasmagórico. Dado los tiempos necesarios de exposición necesarios para las fotografías de aquellas épocas, los niños (los vivos, los fallecidos daban menos lata) se movían excesivamente y era necesario que la madre los mantuviera quietos. Claro que la madre no debía salir. Para solucionar lo anterior, se cubrieron a las mamás (al estilo fantasma de película infantil de la época del cine silente) creando unas fotografías bastante raras porque, estúpidamente claro, se notan a las madres sosteniendo a sus pequeños.

Mano fantasmagórica.

Una mano que parece salir de la nada.




Madre-tapete.

Parece una madre musulmana o torturado de Irak.





Casi ni se nota la mamá.

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